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La mañana del 27 de agosto de 1965 amaneció especialmente soleada en las playas francesas de Roquebrune-Cap-Martin. Un bañista, sentado sobre las ya a esa hora tibias arenas, observa cómo un hombre cruza la playa “con absoluta determinación y con una mueca profunda en el rostro”, se despoja con rapidez de su ropa y se sumerge de inmediato en el agua “sin afectarle en lo más mínimo la temperatura fría del agua”. Ya en el mar, el hombre comienza a bracear más bien violentamente, tal vez porque la suave marea juega con regresarlo a la orilla.

Unas horas más tarde, a un par de kilometros de esa misma playa, aparece el cuerpo del hombre flotando, inerte.

Descripción del hombre: altura medio para un europeo: 1.76 cm.; delgado; tez blanca (“sin duda un caballero francés”); su delgada cabellera apenas cubre la parte alta de la cabeza, lleva anteojos de pasta gruesos, tiene nariz pronunciada, levemente aguileña y frente arrugada (“muy arrugada, preocupada”).

El observador de la playa no sabe quién es Charles-Édouard Jeanneret. Medio le suena el nombre de Le Corbusier. Al enterarse de la identidad del nadador no puede dejar de experimentar un raro entusiasmo: fue la última persona que vio con vida a uno de los arquitectos e intelectuales más importantes del siglo XX.

Más tarde, en una conversación telefónica con el comandante de la region, el bañista se halla un tanto acelerado. Con voz emocionada afirma recordar detalles que en su opinion son muy importantes: “Un sonido, una especie de inicio de palabra, algo como un murmullo atorado en las muelas del arquitecto. Un Shhh repetido obsesivamente, un Shhh que no sólo parecía salirle de la boca sino también de los ojos de loco…” Como único testigo del acontecimiento opinaba que este detalle era de suma importancia.

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Un joven arquitecto sueña ardientemente cómo será su primera remodelación; más tarde se sumerge en otro sueño: la composición y la construcción de su primera casa; después sueña su primer edificio. Tras unos años de experiencia, el mismo arquitecto concibe la construcción de un conjunto de edificios, o bien la modificación estética y el carácter urbano de todo un barrio y su sueño y energía desdembocan en la erección y composición de estadios, centros de convenciones, parques, museos… Ni la experiencia ni los años detienen los sueños de creación de este mismo artista: ahora sus horas de insomnio se perderán en los sueños inconclusos e inescapables de su propia concepción de la ciudad perfecta.

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En marzo de 1948 el Primer Ministro de la India, Jawaharlal Nehhru, anuncia la apertura del país a los tiempos modernos. Ante miradas incrédulas o desafiantes sugiere la occidentalización de la nación: se construirá una nueva sede gubernamental y militar al norte de la India.

¨Hagamos de ésta la primera gran muestra de nuestro genio creativo, hagámosla florecer sobre nuestra nueva libertad.¨

La ciudad destinada a llevar en brazos las nuevas ideas progresistas del Primer Ministro es desde entonces conocida con el nombre melódico (y en algunos casos impronunciable) que la acompañará a lo largo de los años: Chandigargh.

(Nunca habría imaginado este desierto vacío a las faldas de Pakistán que su nombre, hasta entonces anónimo, estaría a punto de entrar en los anales históricos de la arquitectura mundial. Y ese nombre, antes raramente pronunciado, habría ahora de enunciarse incansablemente durante los años venideros.)

El concepto principal: La creación de un modelo de ciudad moderna a través de la mirada y la factura occidentales; una ciudad que funcione como centro politico del estado de Punjab y que constituya el prototipo del progreso ante los ojos del mundo entero.

Durante los siguientes cuatro años (1948-1951), el proyecto pasará de una a otra mano, de un concepto a otro, de un arquitecto a otro y al final desmebocará en los brazos de Charles-Édouard Jeanneret. (Nacido el 6 de octubre de 1887. Arquitecto, diseñador, urbanista y escritor suizo. Convertido en ciudadano francés en 1930. Pionero de la arquitectura modernista y procreador de la arquitectura brutalista. Adopta el pseudónimo de Le Corbusier en los años 1920.)

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Durante alguna de las muchas mañanas de sus 63 años, el arquitecto Charles-Édouard Jeanneret, Le Corbusier, recibió una llamada telefónica que desataría su obsesión a lo largo de cada uno de los días de sus últimos 14 años.

¨¿Shandigargh?¨ (primera vez que ésa ¨sh¨ se le cuela entre las muelas)
¨¡Chandigarh!¨

Un proyecto aparentemente inalcanzable, mi ciudad, elaborado paulatinamente, exhaustivamente entre sueños, sugerido, sin muchas premisas, 30 años antes en el Salon D´Automne en Paris (planteamiento de una ciudad francesa para tres millones de habitantes), parece convertirse, por fin, en realidad.

Pero Charles-Edouard Jeanneret ya no tiene los 35 años con los que enfrentó, sin muchos resultados, al Salon D´Automne en Paris. Ahora es un hombre decepcionado y un tanto cansado que cruza la sexta década de su vida: 
¨El hombre es tan estúpido que me da gusto morir. Durante toda mi vida, la gente ha intentado aplastarme. Primero me llamaron sucio ingeniero, después pintor que pretende ser arquitecto, más tarde arquitecto que persigue la pintura… Por suerte, siempre he tenido una voluntad de acero¨.

Decepcionado o no, Charles-Edouard Jeanneret, presa de su naturaleza humana (y presa también de su invencible ego) no podrá negarse a esta última oportunidad de desafiar a dios. Le Corbusier reconocerá el reto, comprenderá la naturaleza de esa Shh que lo obsesionará las veinticuatro horas, de día y de noche, por el resto de sus (él espera) muchos años por venir. Acepta la invitación:

¨Me considero la única persona en este momento preparada, con más de 40 años de experiencia y estudio sobre este tema, capaz de ayudar a su gobierno. Al participar en este proyecto, deposito el deseo de toda mi carrera a través de un trabajo de armonía, sabiduría y humanidad ¨. (Carta al embajador Indio en Paris.)

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El proyecto Chandigarh había nacido un par de años antes de que Le Corbusier se involucrara. De hecho, ya había pasado por varias manos importantes, anteriores a las del arquitecto, principalmente por las de Albert Mayer (nacido en diciembre de 1987. Newyorkino. Conocido por su desarrollo del concepto New Town norteamericano). Sin embargo, el incremento intenso de las tazas de cambio entre las monedas india y norteamericana forzó a los indios a buscar un arquitecto europeo.

Cuando el arquitecto francés aceptó el proyecto, se encontró con un plan previo de la ciudad de Chandigarh ya ampliamente desarrollado. El planteamiento del arquitecto Mayer estaba basado en un esquema urbano de cuadrículas, formadas por bloques de vivienda autosustentables. Cada super-bloque estaría a su vez compuesto por tres bloques, y habría de contar con una escuela, un parque, una zona de recreación y un centro comercial.

Aunque Le Corbusier impuso siempre la mayoría de sus ideas (por encima de las de todos sus colaboradores), las ideas básicas del plan Mayer fueron mantenidas. La verdadera aportación arquitectónica de Le Corbusier a la ciudad de Chandigarh se divide en dos partes: el centro de la Ciudad (con 97 hectáreas, donde habrían de desarrollarse las actividades directas de administración, donde también se construirían edificios comerciales, el Ayuntamiento y la Biblioteca Central) y el Complejo del Capitolio (compuesto por los imponentes edificios de la Asamblea Legislativa, el Tribunal Superior y el Secretariado). Fueron estos edificios en los que el arquitecto concentró los últimos años y el talento definitivo de su carrera (y algunos afirman que también invirtió la última energía de su vida).

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El Le Corbusier de Chandigarh

Desde el primer día que el arquitecto francés pisó suelo indio percibió que el maletín que cargaba en su mano derecha, con los planos y exquisitos dibujos de la nueva ciudad, pesaba considerablemente más que cuando había salido de casa. Comprendió en seguida, envuelto en las miles de miradas que lo escudriñaban detenidamente, que existen diferencias importantes tanto entre oriente y occidente, como entre el continente asiático y el ¨continente¨ indio.

Su fuerte personalidad y su estilo, eminentemente francés, de declaraciones firmes, generaron a Le Corbusier una reputación “complicada” entre los indios y los demás arquitectos del equipo. Durante los años siguientes no fue extraño escuchar ciertos severos adjetivos en las conversaciones locales (hombre autoritario y reservado, frío, de personalidad arrogante, con humor sarcástico y mente desconfiada ). Le Corbusier siguió adelante imperartivamente sin importarle mayor cosa las palabras, cuchicheos o los murmullos que lo perseguían y rodeaban día con día. De haber sido éste el único conflicto que circundara a la erección de la próxima capital de Punjab, la historia hubiera sido otra.

Le Corbusier se enfrentó desde el inicio con un violento choque cultural. Acostumbrado a trabajar bajo un método de trabajo y un esquema autoritario occidental, se encontró con un país y con un equipo de trabajo regido por normas absolutamente personales; un sistema en el que lo pactado un día podía ser distinto al otro, con una escala frágil de autoridad y abiertamente corrupta. Además, el proyecto Chandigarh venía cargando desde sus inicios con sus propios dilemas locales: el conflicto entre el gobierno local de Punjabi con el gobierno central de la India, el problema (eterno) entre los intereses de las facciones religiosas de la zona (sikhs vs. hindis), una creciente falta de disciplina entre los rangos de la administración del proyecto, rivalidades individuales, ambiciones personales y mecenazgos administrativos.

El gran sueño del condecorado arquitecto francés comenzó a cambiar de semblante rápidamente, y aquella inspiración que al principio escapaba libremente de su cabeza, con cada día, cada mes y cada año de aquella poco más de una década, se fue encerrando en su exhausta cabeza.

Le Corbusier murió sorpresivamente en agosto de 1965. Antes de morir dejó casi concluídos los edificios principales del Complejo del Capitolio. Desde entonces, la obra de Le Corbusier en Chandigarh ha sido presa tanto de críticas, como de elogios. Algunas personas la consideran una arquitectura caprichosa y poco funcional, mientras que otras la defienden como una gran obra de ingenio arquitectónico. Sin embargo, la opinión más importante, la que el arquitecto tuvo de su obra, no la conocemos, pero queda la sospecha de que su sueño quedó inconcluso.

Quizás el error principal de Le Corbusier fue pensar que Chandigarh era suya, cuando realmente él nunca dejó de pertenecerle a Chandigarh.

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La noche del 26 de Agosto de 1965 fue una jornada de insomnio para el arquitecto Le Corbusier. Fueron pocas las horas en las que logró conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos, se convertía en espectador de sus propias frustraciones. Durante los últimos días, había dormido con la mandíbula tensa y se escuchaba un suave forcejeo de sus molares.

La mañana del 27 abandonó la cama en estado de ofuscación mental, mismo que sufrió durante varias horas. En algún momento, sin hacer caso de las indicaciones de su medico, decidió salir a nadar. Imaginó el golpeteo de sus brazos en el mar, la batalla de su cuerpo contra la corriente marina. Era un hombre de firmes decisiones. Cuando por fin se sumergió, no se percató de que la temperatura del agua era particularmente baja esa mañana.





Kalia, Ravi. Chandigarh, The Making of a City. Oxford University Press, 1987. pg. 12.
Jencks, Charles. Le Corbusier and the Tragic View of Architecture. London: Allen Lane, a divison of Pinguin Books. 1973. Pg. 18
Le Corbusier. Letter to the Indian Ambassador Lachmanam. Paris. Nov. 25, 1950.
Kalia, Ravi. Chandigarh; The Making of a City. Oxford University Press, 1987. pg. 79.